Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel

Y lo que una Bolsa de Papel pudo unir para siempre

 Una voz inesperada

Y es que a veces las casualidades no son tales, las cosas pasan por algo y no hay conocimiento sin experiencia. Esta es mi historia y la de una Bolsa de Papel que hizo cambiar mi vida.

Sucedió hace tiempo pero solo con cerrar los ojos puedo volver a sentir el mismo perfume y oír el murmullo de un aeropuerto en plena ebullición, esperando las continuas salidas de los vuelos.

Estaba de viaje de negocios y me encontraba haciendo escala en un aeropuerto Italiano, en Bérgamo, era un pequeño aeropuerto pero como todos los que conozco tenía su pequeñas tiendas Duty Free, un buen lugar para hacer más corta la espera. Yo estaba cotilleando y no tenía intención de comprar nada y si de probar las degustaciones de chocolate que me estaban ofreciendo cuando todo sucedió.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel brillo

Una voz que me había sido muy familiar hizo que me girará de repente y juntara mis pestañas para focalizar mi miranda a esa persona, me costó unos segundos asociar la voz con la persona y casi al mismo tiempo que lo conseguía, la persona en cuestión me llamó por mi nombre.

– ¡Ana!, ¡Ana!

Mis pupilas se dilataron al igual que las suyas.

– ¡Roberto! – exclamé yo.

Después de interesarnos por el que hacíamos allí y hacia donde nos dirigíamos y sabiendo que disponíamos ambos de más de 40 minutos antes del embarque, nos fuimos a tomar un café y ponernos al día, desde que acabamos la universidad hace 12 años no nos habíamos visto.

Habíamos sido buenos compañeros de carrera y además estábamos en el mismo equipo de trabajo, los tres últimos años pero después de licenciarnos sólo nos habíamos visto en las cenas que ocasionalmente hicimos al año y a los dos años de acabar la carrera y que por circunstancias de la visa se fueron deshinchando poco a poco hasta quedar en el olvido.

Ahora me arrepentía de no haberle llamado o haber tratado de localizarlo por el Facebook para interesarme por su vida, pero viéndole hablar con la timidez que siempre le había caracterizado sabía que a él le ocurría lo mismo.

Reconectando con el pasado

En la cafetería no teníamos intimidad pero.., ¿que querría yo?, estábamos en un aeropuerto.

Empecé ha preguntarle por lo básico, el trabajo y la familia.

Del trabajo me contó lo que yo siempre imaginé de él, había pasado por todos los cargos de la agencia de publicidad con la que empezó a trabajar nada más acabar la carrera y ahora era uno de los jefes de la empresa, sus ideas innovadoras le habían hecho no dejar de crecer y de hecho estaba deseoso de seguir avanzando para ello debería abandonar la comodidad de donde estaba y aceptar un trabajo fuera de España. Es justo lo que había venido a hacer en Italia, justificando un viaje de placer se había tomado un par de días libres para analizar una oferta en Milán como coordinador de la estrategia publicitaria de una conocida marca de ropa con sede en el mismo Milano.

El trabajo era un sueño y yo, como enamorada de Italia y su gente, no me lo hubiera pensado ni un solo segundo. – Sí, sí – hubiera gritado.

Mi situación no era la misa que la suya, al acabar la carrera no había encontrado trabajo propio de mi licenciatura y empecé a hacer trabajos variopintos como fueron dependienta de una librería, comercial de una fábrica de maletas y por último trabajar en una pequeña ONG como encargada de la difusión publicitaria y de la estrategia de comunicación para darnos a conocer y por ende conseguir más fondos y afiliados.

Fue mi último trabajo, el que me procuró buenos contactos para dar el salto a relaciones públicas de un partido político, ese era el trabajo que estaba desarrollando en ese momento y por ello también había ido a Milán ese fin de semana. Teníamos un partido” hermano” en Italia y queríamos aprovechar sinergias, esa fue mi misión y traía de vuelta a España muchas ideas que debía debatir con mis jefes.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel blanca

En mi viaje a Milano me di cuenta que no éramos tan hermanos y que las situaciones de cada país hacían que las ideas políticas se doblaran como barras de mantequilla ante la presión de verse reducida las posibilidades de gobernar.

– ¿Hielo? – dijo Roberto.

Tarde en reaccionar.

– ¿Para el café te refieres? – dije yo.

– Si claro – me miró extrañado.

– No te van a entender, aquí el café es una cuestión de estado y que le pongas hielo, son capaces de arrestarte.

– Lo sé, pero yo no les explico que es para el café, sino me mirarían mal.

– Bueno, entonces que me cuentas de tu familia, ¿todos bien?

Yo sabía que se casó a los pocos años de acabar en la facultad con su novia de toda la vida, me imaginé que tendría al menos dos niños sino tres. Lo que nunca pensé es que me iba a dar una respuesta tan diferente.

– Mi familiaaaaa – dijo alargando la a, mientras parecía buscar la respuesta más acertada, en ese momento le dio una patada nerviosa e involuntaria a algo que había debajo de la mesa y que acabo a mi lado. Era una Bolsa de Papel que llevaba consigo. Yo la mire como para decirle a la bolsa quédate quieta ahí.

Y entonces se lanzó con la respuesta – me he separado hace 5 años, casi serán 6.

– No, no sabía nada. Perdona si te he molestado.

Su mirada huyo hacia la barra del bar y dijo – no pasa nada, no tenías porqué saberlo, ¿y tú, te has casado?

Ahora fui yo la que le di una patada a la Bolsa de Papel pero ni siquiera la moví del sitio.

 – ¿¿Yo??, no, no me he casado, he tenido un par de parejas pero nada que me ate en estos momentos, además tampoco podría con mi trabajo. No hago mas que estar fuera de casa y de reunión en reunión.

– ¿Y tienes hijos? – me preguntó

– No, ¿¿y tú??

– Sí, un niño, bueno ya no es un niño. Tiene 15 años y vive con su madre, lo veo menos de lo que me gustaría. Sólo en las vacaciones pues su madre se trasladó a vivir a Barcelona por motivos de trabajo. Algunos fines de semana cojo el tren y me voy a pasar un rato con él. Aunque ya sabes que es una edad que uno busca saber quien es y hacemos menos de lo que me gustaría. Aún así, le gusta el fútbol y vamos a ver el Barcelona o a ver una película, le gusta mucho la cocina y lo llevo a restaurantes diferentes. Creo que le gustaría ser un gran cocinero.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel negra

Mientras me contaba todo sobre su hijo, vi que la cara se le iluminaba y que saltaba de una cosa a otra. Esa era una sensación que yo quería tener, en algún momento la tendría pero ahora era imposible.

Tiempo atrás pensé seriamente hacerme una inseminación pero criar un hijo sóla no llegó a seducirme lo suficiente como para dar el paso. Tal vez parecería un poco antigua o demasiado cómoda. Creo que el tema era demasiado ocupada en buscar una vida demasiado cómoda. Esta afirmación podría haber servido hasta para los trabajos que había tenido incluso éste, a pesar de salir más que ninguno del cascarón, éste trabajo era cómodo para mi pues lo tenía todo controlado.

La responsabilidad en mi trabajo hacia que lo tuviera todo controlado en mi vida.

Conocía demasiado bien el papel que tenía en mi trabajo y no hubiera sido lo mismo si aceptará otra vez entrar en una bolsa de trabajo de la administración y opositar, partiendo de cero. El resultado hubiera sido totalmente diferente a lo esperado por aquel entonces y no me hubiese sentido tan satisfecha como lo estaba ahora.

Roberto seguía contando cosas de su hijo, escuchaba atenta todo lo que en definitiva sentía por su hijo y no lo pensé cuando lancé esta pregunta.

– ¿Entonces, si aceptas el trabajo en Milán, no será aún más difícil?

– No lo sé, como te decía quiere estudiar para cocinero y le he propuesto que cuando cumpla 18 años venga a Milán conmigo a vivir y a estudiar cocina, es una de las cosas que he ido a ver. Traigo información de la escuela de Milán que es una de las mejores de Italia. Además creo que podría aprender un idioma y traer conocimientos diferentes a España si desea volver a España.

– Yo ya lo tenía decidido, este viaje era por conocer a la gente pero estaba seguro de mi decisión de venir a Italia a vivir, es un paso para mi carrera y pienso que si todo sale bien, estaré al menos 10 o 12 años hasta que decida volver.

– ¿Tan planificada tienes tu vida? – Le solté.

Se me quedo mirando perplejo por la pregunta que le hice.

– ¿Qué quieres que te diga? – me contestó con un tono que indicaba, que me había pasado un poco. Vi como se cerraba en el cascarón .

Me tocaba reírme para quitar hierro.

No te enfades. – le dije riendo – Es porque yo soy totalmente diferente en ese aspecto, no tengo todo tan medido. No sé si mi carrera durará un año o doce donde estoy ahora.

Se relajó y me contestó con fuerza en la voz. – ¡Pues deberías pensarlo! Tienes una edad complicada – dijo con una voz de falsete.

Me quede congelada – ¿que tengo una edad complicada?, pero si tengo dos años menos que tú.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel lineas y puntos

Pensé un segundo lo que habíamos hablado, yo era más planificadora que él, claro que tenía pensada mi vida y sabía que en política gente de mi cargo duraba lo que duraba un mal resultado o un cambio de cargos y de personas de confianza. Aunque yo era gente de confianza y parte de un equipo sabía que de aquí podría volar en unos años o antes.

La verdad es que sí lo pienso – le dije.

– ¿Porqué no me buscas trabajo en tu agencia? Conozco el idioma y ya sabes como trabajo, además, necesito un cambio en mi vida – le espeté todo de una.

¿Lo dices en serio? Puedo recomendarte, e incluso puedo decir que te necesito como contacto para España y que podrías aportar experiencia y un modo de hacer las cosas a las que ellos no están acostumbrados y que creo les interesa.

Si, lo digo muy en serio.

Me di cuenta como me miraba y pensaba en la idea posible de trabajar juntos pero en su mirada había algo más que hizo que me sintiera bien conmigo misma.

 Pensando en un plan de vida alternativo

Cuando éramos estudiantes siempre hubo muy buena comunicación entre nosotros y a veces me sentí atraída por él y yo sé que él por mi también, nunca paso nada pues nunca se dio el caso pero en la universidad muchos pensaban que podía pasar algo y que lo ocultábamos. Siempre pudo pasar algo, no una vez, cincuenta veces, pero nunca paso. Nadie dijo nunca nada, sobraban las palabras para saber que siempre había algo más pero las circunstancias no habían hecho posible lo que no pudo ser.

A veces podría haber sido yo y otras veces él, su timidez, su novia, mis novios.

Seguro que era algo que no debió ni debía pasar, sino hubiera pasado.

Que yo le gustaba estaba claro, pero que a mi me gustara.., era evidente.

La conversación no había llevado por ningún derrotero de los que yo estaba pensando pero tal vez era mi intuición, esa última mirada era muy significativa y me había removido historias antiguas, roba vecchia que dicen los italianos.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel urbano

Era hora de partir, habíamos hablado de todo y de nada en concreto.

Nos dimos los teléfonos para seguir en contacto y él estudiaría si podían necesitar de mi ayuda en la agencia de publicidad que lo había contratado.

Nos despedimos como si hubieran pasado sólo unos meses desde la última vez que hablamos pero en realidad habían pasado muchos años. Teníamos ambos muchos recuerdos positivos, una mochila de experiencias pero no éramos las mismas personas que nos conocimos mientras estudiábamos en la facultad.

Mi sabor era agridulce, me quedé en el bar esperando mi vuelo mientras él se marchaba ya en dirección al suyo. Los dos volvíamos a España pero cada uno con un camino diferente. ¿ sería posible que me ofreciera un trabajo? ¿ cambiaría mi trabajo por otro? No lo sé, fui muy valiente pero ir a otro país sería un cambio radical y tampoco era una necesidad imperiosa el hecho de cambiar mi modo de vida, me había acomodado, ¿y quién no se acomoda en un trabajo que tiene controlado y le gusta?

Cuando me levantaba para acercarme a esperar en el mostrador de salida, le di una patada a la Bolsa de Papel. Era la bolsa de papel de Roberto, se la había dejado.

¿La debería coger? Yo creo que si pero antes debía a la fuerza revisar su contenido, no quería sorpresas en mi vida.

La abrí y además del móvil había unas zapatillas que parecía haber comprado en alguna tienda del Duty Free. Definitivamente se venía conmigo.

Apagué el teléfono y me dispuse a coger la Bolsa de Papel del suelo para poder llevarla conmigo.

En el viaje de vuelta, me dejé llevar por la conversación y los recuerdos.

Me daba cierta pena no haber pensado en llamarle en todo este tiempo, no lo había necesitado tampoco pero si bien es cierto que nos llevábamos también no sé el motivo por el cual no conseguimos mantener el contacto.

Él podría haber hecho lo mismo y no lo hizo, esa es la verdad. Nunca me llamó ni se interesó, ahora sé que viajaba mucho a Valencia y lo podría haber hecho sin problemas. La vida en determinados momentos funciona así con desconexiones momentáneas necesarias e imperativas que no significan nada más que la vida es así. Después de un ataque de añoranza y reafirmación me dormí durante todo el vuelo y no volví a pensar en el encuentro con Roberto hasta que llegué a casa y me dispuse a llamarle.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel composición doble

Cosa del todo imposible porqué yo tenía su teléfono y yo lo había apagado por lo que no podía comunicarse conmigo y tal vez no imaginaba que lo tenía yo pero mientras pensaba todo esto en un segundo sonó el teléfono, era él.

 – Hola de nuevo.

– Hola, ¿ya tienes trabajo para mí?

– No, todavía no tengo trabajo para ti, pero… ¿tienes mi móvil?

Pensé unos segundos en gastarle una broma o decirle la verdad – si tengo tu móvil y tus zapatillas, estás totalmente fastidiado porqué si vienes a por tu móvil tengo buen material para que no me puedas coger.

– Te vienen muy grandes, así que te podría coger igual de bien.

– Bueno como lo hacemos le dije.

– ¿Vienes a por el teléfono o te lo envío por mensajero?

– Voy yo me dijo.

– ¿Y eso?

Bueno, tengo que ir mañana a Valencia a explicarles a mis padres que me voy a Italia indefinidamente, prefiero decírselo y que entiendan que es una decisión para mejorar mi vida laboral. Debo ver como se encuentran y como van a reaccionar pero espero que bien. Ya se han acostumbrado a que no viva cerca de ellos así que no creo que se asombren demasiado.

Está bien, si quieren cuando llegues me llamas y vemos como nos organizarnos para devolverte el móvil.

He pensado una cosa – me dijo.

Dime, te escucho.

¿Te parece que nos veamos a cenar mañana por la noche?

Está bien, ¿dónde?

A las 10 en el Restaurante Ancla de Mar.

Vale, me parece bien, hasta mañana – y colgué.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel negra

¿Cómo me sentía? Me daba igual, sólo iba a entregarle la Bolsa de Papel con el móvil. ¿Qué más da? No me iba a conseguir el trabajo y yo no lo necesitaba ni lo quería, tenía uno muy interesante que me costó años de experiencia, era una buena profesional bien valorada y tenía una misión, no podía dejar este trabajo a medias y volar a otro país.

El encuentro tan deseado

El día pasó rápido, me vi preparando la noche tal vez demasiado emperifollada pero hacia un tiempo que no salía y me apetecía reírme un rato y contar batallas antiguas. Estuve apunto de llamar a otra compañera de la universidad y decirle que me acompañara que no quería ir sola pero no lo hice. La verdad me apetecía ir sola aunque no sé que esperaba o si debía esperar algo. Me daba igual.

A las 10 estaba en la puerta y vi que él ya estaba dentro del restaurante esperando que yo entrara. El camarero me acompañó hasta la mesa y se llevó el abrigo.

¿Hace mucho que esperas?

Toda la vida – me contestó con una sonrisa.

La verdad fue gracioso por lo rápido de la misma.

Le di su Bolsa de Papel con el móvil y las zapatillas, me agradeció el detalle de darme cuenta de la bolsa y de haberla traído.

No sabes las preguntas que me hicieron los de anti droga le dije riéndome.

Eres una buena portadora me dijo.

Enseguida encendió el móvil, reviso un poco los contactos y se lo metió en el bolsillo.

No quiero distraerme, venga cuéntame todo. Ponme al día. ¿A quién has visto últimamente?

A nadie, tengo poco tiempo, a veces comento algo por el Facebook porqué es mi modo de estar más cerca de la gente que conocí.

Me miro y me dijo que sí con la cabeza mientras dejaba la Bolsa de Papel en los pies de la mesa.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel kraft verde

Atención no te vaya a pasar lo mismo.

– Jajaja – rió – es cierto, no quiero dejarme las zapatillas, el móvil ya lo tengo dentro de la chaqueta y veo que ya está vibrando desde hace un rato, todos se querrán poner al día , hace dos que no me llama nadie.

¿Porqué no me has llamado en todo este tiempo?

Desde mi boda que perdimos el contacto.

Todo cambia, la vida es así. Te vas adaptando a las situaciones y las pruebas del día a día, pasan los meses y se suceden las cosas y cuando te das cuenta estas en el aeropuerto de otra ciudad viendo a alguien que conociste pero que no es el mismo y uno tampoco es el mismo.

Creo que es en esencia, lo importante, lo que nos define, sí. Sí que es lo que es.

Yo creo que es lo que es pero modificado, no es exactamente lo mismo que lo que fue. Puede tener una raíz pero las personas cambian, todo cambia.

¿Quieres decir que no nos conocemos?

Sí, nos conocimos, pero ahora somos dos desconocidos que se quieren poner al día. – En ese poner al día está implícito otros conocimientos que se convierten en capas que han ido sepultando a su anterior yo.

Creo que se puso nervioso porqué le dio una patada a la Bolsa de Papel, aunque esta vez si se dio cuenta y la volvió a acercar a su lado de la mesa.

Lo que dices me hace pensar en que tienes razón, pero tal vez a alguien le pueda haber afectado más que a otros.

Esto puede ser, los grados que pueda tener uno y otro no tienen porqué ser los mismos.

Después de un silencio largo y de ordenar la comida y la bebida, retomamos la conversación pero está vez sin una base filosófica sino de aventuras pasadas y por supuesto el trabajo que estábamos desempeñando en estos momentos.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel brillo

¿Así que a Milán? ¿Cuándo haces las maletas? – Le inquirí.

Y no te dejes ninguna Bolsa de Papel por ahí.

En dos semanas cierro lo que estaba haciendo y empiezo allí.

Los de la empresa de Milán me están buscando un apartamento en el centro, cerca de las oficinas. Me gustaría poder ir andando o en metro. No quiero comprarme un coche de momento, tal vez una moto. Me han dicho que el tráfico es caótico en Milán, así que prefiero lo urbano y en caso necesario alquilaré un coche si debo visitar algún cliente. Aunquen hasta que no mejore mi italiano creo que sólo podré trabajar otro tipo de operativas.

¿Me has buscado trabajo? – Le dije muy seria pero en tono distendido.

¿¿En serio que lo necesitas??

No, no lo necesito, pero me gustaría dar un giro radical.

Además conozco el idioma y más de una vez he pensado en irme a vivir allí y ver que sucede. Estoy segura que acabaría encontrando algún tipo de trabajo.

Milán es la ciudad ideal para conseguir un trabajo de lo nuestro, la gente vive al máximo, hay una cultura extendida de marca y se necesita gente que sepa vender un marca o hacerla crecer desde el punto de vista de la comunicación y si es intentando ser creativo en vez de dilapidando millones de dólares en comunicación mejor.

Siempre me atrajo Milán pero también otras ciudades como Florencia o Turín.

Turín es otra ciudad donde es posible crecer en comunicación, según mi opinión, pero Milán es la ideal.

Esta vez fui yo la que incómoda me revolví y le pegué una patada a la Bolsa de Papel y la saqué de debajo de la mesa.

El camarero se percató y la dejó de nuevo más cerca.

¿Nerviosa? – me preguntó Roberto

No, es ésta mesa tan pequeña, no sé dónde meter las piernas. – Me excusé.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel kraft rosa

Además no le quería decir que me chocaba con la Bolsa de Papel que tenía.

La famosa Bolsa de Papel estaba siempre al lado como un espía o una celestina.

Posiblidades de un nuevo futuro

Sería la Bolsa de Papel una celestina del futuro.

Ana, ¿estás bien?

Si, si, claro. Estoy cómoda, sólo que ya no se que contarte.

¿Te aburro?

No, estoy cansada. Mañana debo trabajar y tampoco quiero robarte más tiempo.

Por favor, no digas eso, me lo estoy pasando muy bien. Además no tendremos otra como esta, en no sé.., 10 años más en otro aeropuerto.

Bueno, eso es porqué cuando vienes a Valencia no llamas a nadie, sino podríamos quedar más a menudo.

¿Y tú qué? Cuando vas a Madrid podrías llamar, sé que vas bastante por el tema del partido. Te he visto más de una vez en televisión. Eres de esas personas que están a dos metros de los políticos pero que siempre sales un trocito en la fotografía. Eres como una fan molesta, soltó una carcajada.

Bueno, es mi trabajo. Intentar arreglar las cosas que no se debieron decir o hacer de la manera más elegante posible. Ese es mi papel.

La velada acabó más tarde de mi intención y después de tomar una copa, nos fuimos a pasear cerca del paseo marítimo. Hacía buena noche y me sentía bien. Estaba muy animada Valencia y me acordé en ese momento de que Roberto no llevaba la Bolsa de Papel consigo.

¿No has cogido la bolsa?

¡No me lo puedo creer!, corramos al restaurante, aún estará abierto.

Nos dimos media vuelta y volvimos de prisa al restaurante a por la Bolsa de Papel que sólo contenía unas zapatillas nuevas.

¡Dios que cabeza! – grito en voz alta.

Al llegar al restaurante, nos esperaba el camarero con la Bolsa de Papel.

Os he visto venir – dijo.

Si no venías.., son mi talla de zapatillas, y el color me gusta – dijo riendo de nuevo.

Gracias – dijo Roberto

Salimos del restaurante con la Bolsa de Papel y vi como hacia ademán de cogerme la mano y yo se la dí.

Encontrando el amor gracias a una Bolsa de Papel composición triple

No sentía nada especial pero estaba tranquila y a gusto.

Fuimos paseando en silencio y pensaba en que tal vez no se dejó la Bolsa de Papel por descuido o tal vez sí.

No lo sabré pero en cierta manera nos estaba uniendo después de 20 años, aunque no éramos los mismos si teníamos afinidad. Eso era cierto y lo noté desde que lo vi en el aeropuerto.

Comenzaba a refrescar y le dije que ya debía volver a casa.

¿Quieres que mañana nos veamos? – me preguntó.

Pero.., ¿no te vuelves a Madrid?

No hasta el lunes, en el AVE.

Está bien – le dije.

Ésta vez en mi casa, prepararé algo de comer.

No quisiera molestarte, mejor salimos por ahí y vamos al cine – me dijo él.

Como prefieras – le contesté.

Nos despedimos en mi coche, me dio un beso en la mejilla y lo vi alejarse con el balanceo de la Bolsa de Papel en la mano y con la otra, de espaldas, haciendo un gesto de despedida.

¿Por qué le dije que sí? No lo sé muy bien.

¿Qué quería demostrar? Me hacia demasiadas preguntas y no quería responder a ninguna de ellas. Lo que quería era sentir el aíre en mi cara, bajé la ventanilla y volví a la realidad de mi vida, mi trabajo y lo que me gustaba hacer, que era mi marcha y conservar una egoísta independencia que me hacía fuerte ante todo.

Un encuentro casual en un aeropuerto y una Bolsa de Papel olvidada provocaron un encuentro anticipado que sino podría haber durando otros 20 años más, no sé si hubiera sido así o tal vez nos hubiéramos llamado antes.

No sé si la Bolsa de Papel es el resultado de todo esto, pero ayudar ayudó al resultado final que seguiré contando en breve.

Continuará…



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